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日志


2006年10月

Regalar....

"Lo que das, te lo das; lo que no das, te lo quitas"
 
Alejandro Jodorowsky.
 
 
 
 
2006年5月

Amar

Amar

Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.
George Sand (1804-1876) Escritora francesa.
 
Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad.
Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) Filósofo, físico y matemático alemán.
 
Puede uno amar sin ser feliz; puede uno ser feliz sin amar; pero amar y ser feliz es algo prodigioso.
Honoré de Balzac (1799-1850) Escritor francés.
 
El que ha conocido sólo a su mujer y la ha amado, sabe más de mujeres que el que ha conocido mil.
Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso.
 
Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.
Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) Misionera yugoslava nacionalizada india.
 
Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás.
Gabriel Marcel (1889-1973) Filósofo católico, dramaturgo y crítico francés.
 
Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas. No te preocupes de la finalidad de tu amor.
Amado Nervo (1870-1919) Poeta, novelista y ensayista mexicano.
 
Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.
Charles Baudelaire (1821-1867) Escritor, poeta y crítico francés.
 
Cuando no se ama demasiado no se ama lo suficiente.
Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.
 
Ama un solo día y el mundo habrá cambiado.
Robert Browning (1812-1889) Poeta inglés.

Paciencia

Paciencia
 
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
 
Cuando fuiste martillo no tuviste clemencia, ahora que eres yunque, ten paciencia.
 
Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo.
San Francisco de Sales (1566-1622) Obispo y Doctor de la Iglesia.
 
La paciencia es la más heroica de las virtudes, precisamente porque carece de toda apariencia de heroísmo.
Giacomo Leopardi (1798-1837) Poeta y erudito italiano.
 
La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces.
Jean Jacques Rousseau (1712-1778) Filósofo francés.
 
La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte.
Inmanuel Kant (1724-1804) Filosofo alemán.
 
Paciencia: forma menor de desesperación disfrazada de virtud.
 Ambrose Bierce (1842-1914) Escritor estadounidense.
 
Quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea.
 Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense.
 
El mejor fuego no es el que se enciende rápidamente.
George Eliot (1819-1880) Seudónimo de Mary Anne Evans. Novelista británica.
 
Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano.
Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.

 

Tolerancia

   Tolerancia
 
Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio.
 Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.
 
Concede a tu espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón, el de la tolerancia.
Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799) Profesor de física y científico alemán.
 
 
Cuando conozco a alguien no me importa si es blanco, negro, judío o musulmán. Me basta con saber que es un ser humano.
 Walt Whitman (1819-1892) Poeta estadounidense.
 
No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia.
 Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.
 
La tolerancia es la mejor religión.
Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.
 
Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos.
Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.
 
Tolerancia es esa sensación molesta de que al final el otro pudiera tener razón.
 
Que dos y dos sean necesariamente cuatro, es una opinión que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada.
Antonio Machado (1875-1939) Poeta y prosista español.
 
Tolerancia significa disculpar los defectos de los demás; tacto, no reparar en ellos.
 Arthur Schnitzler (1862-1931) Dramaturgo austríaco.
 
No es tolerante quien no tolera la intolerancia.
Jaime Luciano Balmes (1810-1848) Filósofo y sacerdote español.

 

2006年5月

Los tres filtros de Sócrates

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos.
Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:
¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?.
Espera un minuto -replicó Sócrates-. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen.

Yo lo llamo el examen del triple filtro.
¿Triple filtro?.
Correcto -continuó Sócrates-. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir, es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.

El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?.
No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y...
Está bien -dijo Sócrates-. Entonces realmente no sabes si es cierto o no.

Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?.
No, por el contrario...
Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto.

Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el filtro de la utilidad.
¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?.

No, la verdad es que no.

Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?.


2006年4月

Un minuto para el absurdo

Un minuto para el absurdo
TONY DE MELLO
 
A los discípulos que confiaban ingenuamente en que no había nada que no pudieran lograr si se ponían a ello con decisión, el Maestro solía decirles: "Las mejores cosas de la vida no pueden lograrse por la fuerza".
 
"Puedes obligar a comer,
pero no puedes obligar a sentir hambre;
puedes obligar a alguien a acostarse,
pero no puedes obligarle a dormir;
puedes obligar a que te elogien,
pero no puedes obligar a sentir admiración;
puedes obligar a que te cuenten un secreto,
pero no puedes obligar a inspirar confianza;
puedes obligar a que te sirvan,
pero no puedes obligar a que te amen".
2006年2月

Envejecer

Sólo envejeciendo se vuelve uno más tolerante; no veo cometer ningún error que yo mismo no hubiera cometido.

 Goethe

 

2006年2月

El arte de amar

El arte de amar
 
El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o de la ingeniería.
...........
Pero aparte del aprendizaje de la teoría y de la práctica, un tercer factor es necesario para llegar a dominar cualquier arte: nada en el mundo debe ser más importante que el arte. Esto es válido para la música, la medicina. La carpintería y..., por supuesto,  el amor.
 
ERICH FROMM    
2006年1月

La amistad

Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.

Elbert Hubbard

 

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La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea.

Alberto Moravia

 

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La amistad siempre es provechosa; el amor a veces hiere.

Lucio Anneo Séneca

 

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La amistad es el amor, pero sin sus alas.

Lord Byron

 

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Lo que hace indisoluble a las amistades y dobla su encanto, es un sentimiento que le falta al amor, la certeza.

Honoré de Balzac

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La verdad

 

La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande.

Jacinto Benavente

 

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Nunca es igual saber la verdad por uno mismo que tener que escucharla por otro.

Aldous Huxley

 

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La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores.

Mahatma Gandhi

 

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Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado.

André Gide

 

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2005年12月

La Caverna de Platón

          La Caverna 

         —Ahora—proseguí—represéntate el estado de la naturaleza humana, con relación a la educación y a su ausencia, según el cuadro que te voy a trazar. Imagina un antro subterráneo, que tenga en toda su anchura una abertura que dé libre paso a la luz, y en esta caverna, hombres encadenados desde la infancia, de suerte que no puedan mudar de lugar ni volver la cabeza a causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tienen enfrente. Detrás de ellos, a cierta distancia y a cierta altura, supóngase un fuego cuyo resplandor los alumbra, y un camino elevado entre este fuego y los cautivos. Supón a lo largo de este camino un tabique, semejante a la mampara que los titiriteros ponen entre ellos y los espectadores, para exhibir por encima de ella las maravillas que hacen.

         —Ya me represento todo eso—dijo.   

         —Figúrate ahora unas personas que pasan a lo largo del tabique llevando objetos de toda clase, figuras de hombres, de animales de madera o de piedra, de suerte que todo esto sobresale del tabique. Entre los portadores de todas estas cosas, como es natural, unos irán hablando y otros pasarán sin decir nada.

         —¡Extraños prisioneros y cuadro singular!—dijo.  

         —Se parecen, sin embargo, a nosotros punto por punto —dije—. Por lo pronto, ¿crees que puedan ver otra cosa, de sí mismos y de los que están a su lado, que las sombras que el fuego proyecta enfrente de ellos en el fondo de la caverna?   

         —¿Cómo habían de poder ver más—dijo—, si desde su nacimiento están precisados a tener la cabeza inmóvil?  

         —Y respecto de los objetos que pasan detrás de ellos, ¿pueden ver otra cosa que las sombras de los mismos?  

         —¿Qué otra cosa, si no?  

         —Si pudieran conversar unos con otros, ¿no convendrían en dar a las sombras que ven los nombres de las cosas mismas?  

         —Por fuerza.  

         —Y si en el fondo de su prisión hubiera un eco que repitiese las palabras de los transeúntes, ¿se imaginarían oír hablar a otra cosa que a las sombras mismas que pasan delante de sus ojos?

         —¡No, por Zeus!—exclamó.  

         —En fin, no creerían que pudiera existir otra realidad que estas mismas sombras de objetos fabricados—dije yo.  

         —Es forzoso por completo—dijo.  

         —Mira ahora—proseguí—lo que naturalmente debe su ceder a estos hombres, si se les libra de las cadenas y se les cura de su ignorancia. Que se desligue a uno de estos cautivos, que se le fuerce de repente a levantarse, a volver la cabeza, a marchar y mirar del lado de la luz; hará todas estas cosas con un trabajo increíble; la luz le ofenderá a los ojos, y el alucinamiento que habrá de causarle le impedirá distinguir los objetos cuyas sombras veía antes. ¿Qué crees que respondería si se le dijese que hasta entonces sólo había visto fantasmas y que ahora tenía delante de su vista objetos más reales y más aproximados a la verdad? Si en seguida se le muestran las cosas a medida que se vayan presentando y a fuerza de preguntas se le obliga a decir lo que son, ¿no se le pondrá en el mayor conflicto y no estará él mismo persuadido de que lo que veía antes era más real que lo que ahora se le muestra?  

         —Mucho más—dijo.  

         —Y si se le obligase a mirar la luz misma, ¿no sentiría dolor en los ojos? ¿No volvería la vista para mirar a las sombras, en las que se fija sin esfuerzo? ¿No creería hallar en estas más distinción y claridad que en todo lo que ahora se le muestra?  

         —Así es—dijo.  

         —Si después se le saca de allí a la fuerza y se le lleva por el sendero áspero y escarpado hasta encontrar la claridad del sol, ¿qué suplicio sería para él verse arrastrado de esa manera? ¡Cómo se enfurecería! Y cuando llegara a la luz del sol, deslumbrados sus ojos con tanta claridad, ¿podría ver ninguno de estos numerosos objetos que llamamos seres reales?  

         —Al pronto no podría—dijo.  

         —Necesitaría indudablemente algún tiempo para acostumbrarse a ello. Lo que distinguiría más fácilmente sería, primero, sombras; después, las imágenes de los hombres y demás objetos reflejados sobre la superficie de las aguas, y por último, los objetos mismos. Luego, dirigiría sus miradas al cielo, al cual podría mirar más fácilmente durante la noche a la luz de la luna y de las estrellas que en pleno día a la luz del sol.

         —¿Cómo no?  

         —Y al fin podría, creo yo, no sólo ver la imagen del sol en las aguas y dondequiera que se refleja, sino fijarse en él y contemplarlo allí donde verdaderamente se encuentra y tal cual es.  

         —Necesariamente—dijo .  

         —Después de esto, comenzando a razonar, llegaría a  concluir que el sol es el que crea las estaciones y los años, el que gobierna todo el mundo visible y el que es, en cierta manera, la causa de todo lo que se veía en la caverna.  

         —Es evidente que llegaría, después de aquellas, a hacer todas estas reflexiones dijo.            —Y ¿qué? Si en aquel acto recordaba su primera estancia, la idea que allí se tiene de la sabiduría y a sus compañeros de esclavitud, ¿no se regocijaría de su mudanza y no se compadecería de la desgracia de aquellos?  

         —Efectivamente .  

         —¿Crees que envidiaría aún los honores, las alabanzas y las recompensas que allí, supuestamente, se dieran al que más pronto reconociera las sombras a su paso, al que con más seguridad recordara el orden en que marchaban yendo unas delante y detrás de otras o juntas, y que en este concepto fuera el más hábil para adivinar su aparición; o que tendría envidia a los que eran en esta prisión más poderosos y más honrados? ¿No preferiría, como Aquiles en Homero, «trabajar la tierra al servicio de un pobre labrador» y sufrirlo todo antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?     

         —No dudo que estaría dispuesto a sufrir cualquier destino antes que vivir de esa suerte—dijo.  

—Fija tu atención en lo que voy a decirte—seguí—. Si este hombre volviera de nuevo a su prisión para ocupar su antiguo puesto, al dejar de forma repentina la luz del sol, ¿no se le llenarían los ojos de tinieblas?

         —Ciertamente—dijo.  

         —Y si cuando no distingue aún nada, antes de que sus ojos hayan recobrado su aptitud, lo que no podría suceder en poco tiempo, tuviese precisión de discutir con los otros prisioneros sobre estas sombras, ¿no daría lugar a que estos se rieran, diciendo que por haber salido de la caverna se le habían estropeado los ojos, y no añadirían, además, que sería para ellos una locura el intentar semejante ascensión, y que si alguno intentara desatarlos y hacerlos subir sería preciso cogerle y matarle?  

         —Sin duda—dijo.  

         —Y bien, mi querido Glaucón—dije—, esta es precisamente la imagen que hay que aplicar a lo que se ha dicho antes. El antro subterráneo es este mundo visible; el fuego que le ilumina es la luz del sol; en cuanto al cautivo, que sube a la región superior y que la contempla, si lo comparas con el alma que se eleva hasta la esfera inteligible, no errarás, por lo menos, respecto a lo que yo pienso, ya que quieres saberlo. Sabe Dios sólo si es conforme con la verdad. En cuanto a mí, lo que me parece en el asunto es lo que voy a decirte. En los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe con dificultad; pero una vez percibida no se puede menos de sacar la consecuencia de que ella es la causa primera de todo lo que hay de bello y de recto en el universo; que, en este mundo visible, ella es la que produce la luz y el astro de que esta procede directamente; que en el mundo invisible engendra la verdad y la inteligencia; y en fin, que ha de tener fijos los ojos en esta idea el que quiera conducirse sabiamente en la vida pública y en la vida privada.  

         —Soy de tu dictamen en cuanto puedo comprender tu pensamiento—dijo.  

         —Admite, por lo tanto, también y no te sorprenda—dije— que los que han llegado a esta sublime contemplación desdeñan tomar parte en los negocios humanos, y sus almas aspiran sin cesar a fijarse en este lugar elevado. Así debe suceder si es que ha de ser conforme con la imagen que yo he trazado.

         —Sí, así debe ser—dijo.  

         —¿Es extraño que un hombre—dije yo—, al pasar de esta contemplación divina a la de los miserables objetos que nos ocupan, se turbe y parezca ridículo cuando, antes de familiarizarse con las tinieblas que nos rodean, se vea precisado a entrar en discusión ante los tribunales o en cualquier otro paraje sobre sombras y figuras de justicia, reflejos las unas e de las otras, y explicar cómo él las concibe delante de personas que jamás han visto la justicia en si misma?  

         —No veo en eso nada que me sorprenda—dijo.  

         —Antes bien—dije—, un hombre sensato reflexionará que la vista puede turbarse de dos maneras y por dos causas opuestas: por el tránsito de la luz a la oscuridad o por el de la oscuridad a la luz; y aplicando a los ojos del alma lo que sucede a los del cuerpo, cuando vea a aquella turbada y entorpecida para distinguir ciertos objetos, en vez de reír sin razón al verla en tal embarazo, examinará si este procede de que el alma viene de un estado más luminoso, o si es que al pasar de la ignorancia a la luz, se ve deslumbrada por el excesivo resplandor de esta. En el primer caso, la felicitará por su turbación; y en el segundo lamentará su suerte; y si quiere reírse a su costa, sus burlas serán menos ridículas que si se dirigiesen al alma que desciende de la estación de la luz.        

         —Lo que dices es muy razonable—asintió.

 

2005年12月

¿Coincidencias ...?

"No impongas a otros lo que tu no deseas que otros te impongan a ti." (Confucius, The Analects. Roughly 500 BCE)

"No dejes que hombre haga a otros lo que seria repugnante para el." (Literatura sagrada Hindú Mahabharata, bk. 5, ch. 49, v. 57) 

"No hagas daño a otros en forma que tu encontrarías dañino." (Udana-Varga, 5.18)

"La naturaleza humana es buena solamente cuando no hacen a los demás lo que no es bueno para ellos mismos." (Literatura sagrada de Zoroastro Dadistan-I-Dinik, 94:5; in Muller, chapter 94, vol. 18, p. 269)

"Las cosa que te hacen molesto cuando las sufre de manos de los demás, no las hagas a otras personas." (Isócrates, orador griego)

Trata a los demás como tu quisieras que te traten.  (Literatura Sagrada de los cristianos Mateo 7:12)

Dejar huella

"Por este mundo pasaré solamente una vez, si hay una buena obra que pueda hacer, si hay una buena palabra que pueda decir; haré esa buena obra y diré esa buena palabra, pues ya nunca volveré a pasar por aquí" (Edmundo D' Amicis "Corazón")

2005年11月

Sin zonas erróneas

Sin zonas erróneas

 

 

RETRATO DE UNA PERSONA QUE HA
ELIMINADO TODAS LAS ZONAS
ERRÓNEAS

 

Wayne W. Dyer

 

Es gente que se encuentra fuera del nido, y aunque puede sentir gran amor por su familia y estar muy ligados a ella, piensan que la independencia es más importante que la dependencia en todas las relaciones humanas. Saben apreciar muy bien su propia independencia, el no depender de lo que puedan hacer los demás. Sus relaciones humanas se basan en el respeto mutuo al derecho que tiene el individuo a tomar sus propias decisiones. El amor de esta gente no lleva implícita la imposición de los valores propios en el ser amado. Dan gran importancia a la intimidad del ser humano; lo que puede hacer que los demás se sientan rechazados. Les gusta estar solos a veces, y se preocupan mucho de proteger su intimidad. No se comprometen sentimentalmente con mucha gente. Son selectivos en lo que respecta al amor, pero son también profundamente afectuosos. A las personas dependientes y no sanas les cuesta amar a seres así porque éstos son muy intransigentes en lo que respecta a su libertad individual. Si alguien los necesita, rechazan esta necesidad por encontrar que es perjudicial para la otra persona tanto como para ellos mismos. Quieren que las personas que ellos aman sean independientes, que hagan sus propias elecciones y que vivan sus vidas por sí mismos. Y a pesar de que pueden disfrutar de los demás y desear estar en su compañía, quieren mas aún que los demás se las puedan arreglar sin muletas y sin apoyos. Así pues, el momento en que empieces a apoyarte en esta gente, te darás cuenta que ellos por su lado empiezan a desaparecer primero emocionalmente y luego físicamente también. Rehusan depender de la gente y que dependan de ellos en una relación afectuosa e interesada, pero alientan su confianza en sí mismos casi desde el principio ofreciéndoles mucho amor en todas las oportunidades que se presentan.